Modelos de análisis funcional de la conducta en el ámbito clínico

El análisis funcional de la conducta, arraigado en el trabajo de Skinner sobre el condicionamiento operante, proporciona un marco para comprender y abordar los problemas de conducta en el campo clínico. Estos modelos se centran en identificar relaciones funcionales entre antecedentes, respuestas y estímulos reforzantes positivos o negativos. Al examinar las contingencias del refuerzo, los médicos pueden comprender mejor los factores que influyen en la conducta.

Inicialmente, los modelos aplicados en el campo clínico siguieron la triple contingencia de refuerzo, que involucra eventos antecedentes, conducta y consecuencias. Este modelo clasificó los problemas de conducta basándose en las diferentes disposiciones de estos elementos y sus efectos cuantitativos en las tasas de respuesta. Las clasificaciones incluyeron refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo positivo, castigo negativo y extinción.

Con el tiempo, se han desarrollado varios modelos de ecuaciones funcionales para analizar el comportamiento en el entorno clínico. Los primeros modelos, como el modelo estímulo-respuesta-contingencia-consecuencia propuesto por Lindsley (1964) y el modelo estímulo-organismo-respuesta-contingencia-consecuencia de Kanfer y Saslow (1969), se consideraron inadecuados para captar la complejidad de la vida humana. 

Para abordar estas limitaciones, diferentes autores introdujeron elementos conceptuales adicionales, entre ellos Bandura (1976), Fernández Ballesteros (1981), Goldfried y Davison (1976), Goldfried y Sprafkin (1974) y Mahoney (1974), entre otros. Estos autores ampliaron la ecuación funcional considerando nuevas variables y conceptos. Sin embargo, estas adiciones no siempre fueron internamente coherentes con los supuestos conductuales tradicionales ni estaban respaldadas por investigaciones empíricas.

Inicialmente, la variable organismo, que se refiere a los estados y características internas del individuo, no fue considerada significativa en la evaluación y diseño del tratamiento. Sin embargo, a medida que los terapeutas conductuales comenzaron a incorporar conceptos y teorías de marcos no conductuales, la variable organismo ganó importancia. Se reconoció que factores como los estados bioquímicos, los efectos de las drogas en el cuerpo y las actitudes sociales hacia los factores biológicos influyen en el comportamiento de un sujeto.

Kanfer, Saslow y Phillips (1970) estuvieron entre los primeros en reconocer la variable organismo como un elemento crucial de la ecuación funcional. Definieron la variable organismo basándose en factores como estados bioquímicos, efectos de las drogas y actitudes sociales. Posteriormente, otros autores, entre ellos Bandura (1978), Goldfried y Davison (1976) y Goldfried y Sprafkin (1974), añadieron variables cognitivas y personales al componente organísmico. Estas variables abarcaron autoinstrucciones, autoevaluaciones, expectativas, pensamientos, emociones, creencias y autopercepciones.

Si bien se reconoce que estas variables cognitivas y personales a menudo pueden modificarse mediante cambios en el comportamiento observable, hay casos en los que se hace necesario abordar directamente estas variables orgánicas. Esto se debe a que pueden mediar en el desarrollo o mantenimiento de conductas problemáticas. Sin embargo, algunos autores, como Llavona (1984), no incluyen las variables cognitivas dentro de la categoría organísmica, considerándolas más bien como estímulos antecedentes, conductas problemáticas o consecuencias.

Los modelos de análisis funcional de la conducta en el campo clínico proporcionan un marco para comprender los problemas de conducta al examinar la interacción entre antecedentes, respuestas y estímulos reforzantes. Estos modelos han evolucionado con el tiempo para incorporar la variable organismo, que engloba factores biológicos, cognitivos y personales. Si bien puede haber diferentes perspectivas sobre la inclusión de variables cognitivas dentro de la categoría organísmica, el objetivo general es obtener una comprensión integral del comportamiento y desarrollar intervenciones terapéuticas efectivas.

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