Durante la última década, las pantallas táctiles se han convertido en una parte casi inseparable de la vida cotidiana, incluso en los hogares con niños pequeños. Desde 2012, el número de hogares con dispositivos móviles conectados a internet se ha más que duplicado tanto en la OCDE como en los países de ingresos medios y altos. Este acceso creciente ha transformado la infancia: el niño en edad preescolar promedio pasa alrededor de dos horas al día frente a una pantalla, el doble del límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de una hora diaria para niños entre 2 y 5 años.
Estadísticas preocupantes alrededor del mundo
El informe citado muestra que superar el tiempo recomendado frente a la pantalla ya no es una excepción, sino la norma:
- En India (Chandigarh) y Sri Lanka, más del 60% de los niños exceden la hora diaria.
- En Malasia (Zona Urbanizada de Selangor), el 91% de los niños superan el límite de una hora.
- En China, el 75% de los niños pasa más de una hora diaria frente a una pantalla.
- En Portugal (Región de Lisboa), el 51% de los niños está más de dos horas al día frente a dispositivos.
- En Estambul (Turquía), el 49% sobrepasa las recomendaciones de la OMS.
- Países de América, como Estados Unidos, Brasil, Colombia y México, también muestran altos niveles de sobreexposición digital.
Estos datos revelan una tendencia global: los niños pequeños están pasando más tiempo frente a pantallas que lo aconsejado para su desarrollo saludable.
Consecuencias del exceso de pantallas en la infancia
El uso excesivo de dispositivos a edades tempranas no solo limita la interacción social y el juego físico, sino que también acarrea riesgos en áreas fundamentales del desarrollo:
- Retraso en el desarrollo del habla: menos interacción verbal con adultos y otros niños.
- Disminución de la capacidad de concentración: dificultades para mantener la atención en actividades no digitales.
- Deterioro de las habilidades sociales: menor tiempo para el juego colaborativo.
- Afectación de la coordinación motora: reducción en actividades físicas y manuales.
- Alteración del sueño: exposición a luz azul que interfiere con los ritmos circadianos.
El verdadero desafío: un uso equilibrado
El debate actual ya no gira en torno a si los niños deben o no usar pantallas, sino cómo organizar su uso. El acceso a la tecnología ofrece oportunidades de aprendizaje, entretenimiento e interacción, pero estas no deberían reemplazar actividades esenciales como el juego libre, la lectura compartida, la exploración del entorno o el descanso reparador.
En este sentido, el rol de las familias y educadores es clave: establecer rutinas claras, fomentar actividades sin pantallas y dar ejemplo con un uso equilibrado de la tecnología en el hogar.
El tiempo frente a la pantalla en la educación infantil: Equilibrar la balanza digital

