La psicología comunitaria es una disciplina con raíces geográficas diversas. En la década de los 60, en Estados Unidos, el enfoque se centró en la prevención y el fortalecimiento de la salud mental, dejando de lado el tratamiento tradicional de enfermedades. Paralelamente, en Europa y América Latina, también en los 60, surgieron enfoques comunitarios para fomentar el desarrollo cívico y prevenir la marginación social. La disciplina, en esencia, nació como una corriente teórica que busca la intervención psicosocial.
Existen diferencias notables entre los enfoques a lo largo del continente. La psicología comunitaria estadounidense pone énfasis en la perspectiva ecológica, es decir, en la interacción y la adaptación de las personas con su entorno. Por otro lado, la vertiente latinoamericana se centra en el control, el poder, la estructura y los cambios sociales como herramientas para resolver problemas comunitarios.
La noción de comunidad es central en esta disciplina. Desde la filosofía política, el término se refiere a grupos sociales con una forma de interacción diferenciada. Sin embargo, en la psicología comunitaria, el concepto se vuelve operativo y se aplica directamente al trabajo con grupos concretos para abordar sus desafíos específicos.

