La autoestima es un pilar fundamental para el bienestar de los niños. Su desarrollo es importante, ya que impacta directamente en su felicidad y éxito futuro. Se construye a través del autoconocimiento, permitiéndoles reconocer y aceptar tanto sus capacidades como sus limitaciones.
Una autoestima sana se cimenta en tres pilares esenciales: el amor, la pertenencia y la eficacia. Los padres, a través de la calidad de su relación e interacciones, tienen un papel decisivo en la formación de estos cimientos. Las experiencias diarias del niño, tanto positivas como negativas, son las que, con el tiempo, van moldeando su autoconcepto.
Es importante estar atentos, ya que un autoconcepto negativo puede desembocar en comportamientos problemáticos, creando un círculo vicioso difícil de romper. Por el contrario, una autoestima positiva es el motor que impulsa un crecimiento saludable y una adaptación fluida al entorno. En última instancia, la autoestima no solo influye en cómo actúan, sienten y piensan los niños, sino también en cómo interpretan la realidad que los rodea.

