
Socialización educativa en la infancia
La socialización es el resultado de un proceso denominado proceso socializador (Herrera, 2023). Aunque comúnmente asociado con los seres humanos, la socialización también ocurre en otros mamíferos que conviven con su especie, como las manadas de elefantes y las comunidades de chimpancés, que siguen normas de organización y convivencia.
La socialización humana es un concepto categorial utilizado por sociólogos, psicólogos y educadores con objetivos distintos (López y Torres, 2020). A continuación, se resumen los objetivos de cada grupo profesional:
Los sociólogos emplean el término socialización para describir y encuadrar el proceso socializador en sus teorías sociológicas (Simmel, 2015). En la actualidad, la mayoría de los sociólogos entienden la socialización como la transmisión de culturas de una generación a otra.
Los psicólogos utilizan el concepto de socialización para comprender el proceso de personalización y falsa atribución, ya que cada individuo asimila los contenidos y patrones de comportamiento sociales de manera única, influenciada por su trayectoria personal, interpersonal, grupal o sociocultural.
Se presentan las funciones de la socialización educativa en la infancia acomodada a los niños y las niñas de Educación Infantil de 0 a 6 años (Quintana, 1988, pp. 92-93):
1. Primera función. Familiarizar al ser humano con los esquemas normativos y los valores del grupo en los que, en ese momento concreto, va a transcurrir su vida. Es importante señalar que la socialización se realiza en una determinada sociedad y en un momento cronológico concreto. Por ejemplo: no se educa igual, en 2024, en un pueblo de Cuenca a una niña que se educaba en ese mismo pueblo a una niña en 1845. El escenario físico y el momento histórico determinan los esquemas normativos y los valores dominantes en el grupo social del que se que quiere formar parte.
2. Segunda función. Transmitir a cada uno de los componentes del grupo social la cultura colectiva o cultura común de la agrupación social de la que va a formar parte. La cultura común de una sociedad, desde 1871, se define como el conjunto de: conocimientos + creencias + arte + moral + derecho + costumbres + cualquier otro hábito y capacidades adquiridas por las personas en una determinada sociedad.
3. Tercera función. Formar los hábitos de comportamiento específicos de la sociedad de la que se es miembro (Varela, 1997, p. 7): «La relación entre cultura y comportamiento es de causalidad unidireccional: si se cambia la cultura se cambia el comportamiento», Por ejemplo: la sociedad occidental desarrollada no tiene los mismos hábitos de higiene femenina que la sociedad oriental.
4. Cuarta función. Actualizar y acrecentar, en cada ser humano, su dimensión social. Justamente el objetivo último de la socialización es acrecentar la sociabilidad del niño y de la niña para que pasen a ser miembros activos de la sociedad en la que van a vivir.
5. Quinta función. Integrar al ser humano en la sociedad haciéndole partícipe del bien social común a todos los integrantes de la sociedad.
6. Sexta función. Enseñar al ser humano a comprender la vida social y a ejecutar la técnica de la relación social a nivel interpersonal y a nivel comunitario. Es esta función de enseñar y aprender de la socialización lo que da sentido a formar a los maestros y las maestras de Educación Infantil a socializar educativamente a sus escolares.
8. Octava función. Desarrollar la personalidad individual.
Fuente: Socialización educativa en la infancia de María del Pilar Quicios García
Preguntas Frecuentes
La visión sociológica se centra primordialmente en la estructura macro de la sociedad, entendiendo la socialización como un mecanismo de preservación cultural donde los valores y normas se transmiten de generación en generación para asegurar la continuidad del grupo. Por otro lado, la perspectiva psicológica pone el foco en el individuo y su subjetividad, analizando cómo cada persona interpreta, procesa y asimila de forma única esos estímulos sociales, construyendo su propia identidad a través de sus vivencias interpersonales y su trayectoria personal específica dentro del entorno social.
El desarrollo normativo de un individuo no es un proceso estático ni universal, sino que está profundamente anclado a su contexto cronológico y geográfico. El escenario físico y el tiempo histórico actúan como marcos que definen qué valores son considerados aceptables o deseables; por tanto, los esquemas de comportamiento que una sociedad exigía hace dos siglos difieren drásticamente de las expectativas actuales. Esta variabilidad implica que la socialización educativa debe adaptarse siempre a la realidad inmediata del niño para que este pueda funcionar eficazmente en el grupo social que le rodea.
La cultura común se entiende como un constructo multidimensional que abarca mucho más que simples tradiciones. Incluye el conjunto de conocimientos técnicos, las creencias religiosas o espirituales, las expresiones artísticas, los códigos morales y los marcos legales que rigen una comunidad. Además, se extiende a las costumbres cotidianas y a las capacidades que los individuos adquieren por el simple hecho de convivir en esa sociedad. Es a través de la transmisión de este conjunto heterogéneo que la socialización logra que el nuevo miembro se sienta parte de una identidad colectiva coherente.
Existe una relación de causalidad unidireccional donde la cultura actúa como el molde principal de la conducta humana. Esto significa que si las estructuras culturales, los hábitos o las creencias de una sociedad se transforman, inevitablemente se producirá un cambio en los hábitos de comportamiento de sus miembros. Un ejemplo claro se observa en las prácticas cotidianas de higiene o alimentación, las cuales varían radicalmente entre sociedades orientales y occidentales no por una diferencia biológica, sino por la influencia directa de los patrones culturales que han sido reforzados durante el proceso de socialización primaria.
La intervención de los docentes en la etapa de 0 a 6 años es vital porque la socialización no es solo una asimilación pasiva, sino un aprendizaje de técnicas de interacción. Los maestros actúan como guías que enseñan activamente a los escolares a comprender los códigos de la vida social y a ejecutar correctamente las habilidades necesarias para relacionarse tanto a nivel interpersonal como comunitario. Esta labor pedagógica permite que el niño pase de ser un ser biológico a un miembro social activo, integrando su personalidad individual con la capacidad de participar en el bien común de su entorno.
