Manifestaciones de la violencia basada en género en docentes universitarios

 

 
 

En las instituciones de educación superior confluyen diversos factores culturales, sociales, psicológicos, filosóficos, ideológicos, históricos, familiares, económicos y políticos. Estos factores nutren las dinámicas individuales y grupales, influyendo positiva o negativamente en la convivencia. Asimismo, se relacionan con los procesos de aprendizaje que subyacen en la génesis y transformación de comportamientos y actitudes, los cuales, con el tiempo, se consolidan como fenómenos sociales. Estos fenómenos pueden ser analizados e incluso transformados con el fin de mitigar sus efectos negativos en las personas afectadas (González & Mora, 2014).

Según Ribes, Rangel y López (2008), los fenómenos sociales están mediados por el lenguaje. Al ser este un sistema de signos comprendido por una comunidad, permite la expresión de sentimientos y pensamientos que articulan las interacciones humanas y delimitan la pertinencia de los comportamientos en función del contexto en el que ocurren.

En este sentido, la violencia basada en género (VBG) se vincula con diversos aspectos, entre ellos:

  • Las conductas manifestadas durante las interacciones.
  • El lenguaje implícito y explícito asociado.
  • Las cogniciones subyacentes.

La forma en que estos elementos se estructuran permite evidenciar la existencia de relaciones de poder asimétricas que perpetúan la desigualdad y los estereotipos, afectando negativamente las interacciones entre las personas.

Este fenómeno constituye un problema de salud pública que trasciende niveles educativos y estratos socioeconómicos, sin importar la procedencia geográfica de quienes lo experimentan. La VBG ha sido objeto de estudio en instituciones de educación superior a nivel internacional. Por ejemplo, Straus (2004) analizó sus manifestaciones en el ámbito universitario y encontró que un 29 % de los estudiantes de distintos países reconoció haber ejercido algún tipo de VBG contra su pareja. Del mismo modo, Muñoz, Graña, O’Leary y González (2006) reportaron que uno de cada cinco estudiantes universitarios ha sido víctima de violencia física en su relación de pareja y que más de la mitad ha sufrido violencia psicológica. En otro estudio, Smith, White y Holland (2003) hallaron que el 77,5 % de las estudiantes universitarias de último año en Estados Unidos había sido víctima de algún tipo de violencia física o sexual por parte de sus parejas. En el contexto colombiano, Moreno, Sepúlveda y Restrepo (2012) caracterizaron los actos de violencia de género en una comunidad universitaria conformada por docentes, administrativos y estudiantes, encontrando que el 64,6 % de los participantes había experimentado situaciones de discriminación y violencia.

Las manifestaciones de la VBG pueden adoptar múltiples formas. La violencia física basada en género se define como una agresión producto de la aplicación intencional de la fuerza física, la cual puede generar lesiones de diversa gravedad, con efectos traumáticos tanto físicos como psicológicos, e incluso provocar la muerte.

Por su parte, la violencia sexual basada en género abarca toda acción u omisión, voluntaria o involuntaria, dirigida hacia otra persona en función de su género. Esta forma de violencia atenta contra los derechos sexuales de la víctima, limitando la satisfacción de sus necesidades sexuales y afectando su desarrollo integral.

En cuanto a la violencia psicológica basada en género, esta se refiere a cualquier agresión que afecte la vida afectiva de la persona, generando conflictos, frustraciones y traumas psicológicos y sociales, ya sean temporales o permanentes. Se relaciona estrechamente con la violencia física y sexual y puede manifestarse de diversas formas en la convivencia diaria. Se identifican tres expresiones principales de esta forma de violencia:

a) La agresión verbal, utilizada para humillar, ridiculizar, amenazar o denigrar.
b) El lenguaje corporal, expresado a través de miradas de insatisfacción, rechazo o burla.
c) El chantaje afectivo, empleado para coaccionar emocionalmente a la víctima.

Esta violencia puede darse tanto en relaciones de pareja como en dinámicas entre padres e hijos, y se traduce en la restricción de la libertad del otro.

Tanto en las víctimas como en los agresores de la VBG subyacen actitudes que influyen directamente en su comportamiento en distintas situaciones y contextos. Según Ajzen y Fishbein (1980), la actitud es una predisposición aprendida en la estructura social y cultural en la que se desenvuelve el ser humano, que lo lleva a responder de manera favorable o desfavorable frente a una determinada entidad.

Dado que las manifestaciones de la VBG—física, sexual y psicológica—tienen su base en las actitudes (Valls, Oliver, Sánchez, Ruiz & Melgar, 2007) y afectan a hombres y mujeres de distintas clases sociales, culturas, niveles educativos y edades (Valls & Oliver, 2004), resulta fundamental comprender este fenómeno en el contexto de la educación superior. En este sentido, el objetivo general de este trabajo es analizar la presencia y el impacto de la VBG en los docentes universitarios.

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