Define la entrevista como una conversación con propósito, planificada y estructurada, en la que el psicólogo integra capacidades de observación, formulación de hipótesis, análisis y síntesis. Se enfatiza que la efectividad no depende solo del contenido de las preguntas, sino del modo en que se conduce la interacción, el encuadre y la presencia del entrevistador.
En su eje sobre aspectos generales, el material describe dos planos complementarios: el teórico-técnico, que abarca la estrategia de intervención y los procedimientos de evaluación; y el interaccional/comportamental, sustentado en habilidades sociales y comunicacionales como la escucha activa, el respeto, la empatía y la congruencia. Asimismo, sistematiza fases operativas de la entrevista: preparación y recepción; establecimiento de rapport y encuadre; desarrollo con preguntas abiertas y cerradas orientadas a comprender el quid del problema; cierre con síntesis y acuerdos; y una fase posterior de evaluación y análisis para revisar objetivos y aprendizajes del entrevistador.
El documento clasifica los tipos de entrevistas según su estructura (libre, dirigida y mixta), el estilo del entrevistador (directivo y no directivo) y el escenario de aplicación (clínico, organizacional, educativo, de investigación y otros). Esta taxonomía guía la elección del formato adecuado a los objetivos, favorece la flexibilidad metodológica y ayuda a balancear estandarización y exploración. Se subraya que la pericia consiste en adaptar la forma al propósito y a la singularidad del entrevistado, manteniendo coherencia entre técnica, tiempo y objetivos.
La entrevista se conceptualiza como experiencia relacional y comunicativa: un diálogo dinámico donde el significado emerge del contenido verbal, del contexto sociocultural y de la vivencia subjetiva. La empatía consiste en percibir el mundo interno del otro “como si” fuera propio sin perder la objetividad; la aceptación incondicional implica respeto cálido y libre de juicio; y la congruencia es autenticidad del entrevistador, base de la confianza. A la luz de los axiomas de Watzlawick, toda conducta comunica y define una relación, con niveles digital (contenido) y analógico (corporal/contextual), por lo que la calidad de la relación de ayuda —presencia, atención, compasión e interés positivo— es determinante para la efectividad.
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